Su respaldo, “el arma política más poderosa del mundo”, resulta decisivo para acabar con las carreras de congresista, senadores o gobernadores que han chocado o votado en su contra o no estuvieron con él “en los momentos difíciles”
Las primarias celebradas el martes por la noche en todo Estados Unidos han dejado claro que, a pesar de la inflación, de la subida del precio de la gasolina, de los escándalos y de la caída de popularidad de Donald Trump en las encuestas, el presidente sigue teniendo un control total, prácticamente absoluto, del movimiento MAGA y del Partido Republicano.
La primera regla de la política solía ser que, si algo funciona, no se toca. Y que, si un cargo electo quiere repetir, los suyos no lo cuestionan. Ya no. Ante la mínima disidencia, Trump, sin ninguna piedad ni estrategia electoral a medio plazo, impulsa primarias punitivas. Y casi siempre sus candidatos ganan y sus enemigos pierden. “El respaldo de Trump es el arma más poderosa en la historia de la política, en la historia del mundo”, sentenció entusiasmado el speaker del Congreso, Mike Johnson.
El caso más evidente tuvo como protagonistas al veterano y popular congresista Thomas Massie, del cuarto distrito de Kentucky, y al aspirante Ed Gallrein, un ex miembro de los Navy SEAL que se ha limitado a ofrecer lealtad absoluta al líder como programa, en las elecciones primarias más caras de la historia del país. El titular, un libertario que llegó a Washington de la mano del Tea Party en 2012 y se ha convertido en el principal enemigo de Trump, recaudó más de 12 millones de dólares. Su rival, aupado por el presidente y el lobby proisraelí, más de 18 millones, cifras astronómicas e inéditas para un proceso interno del partido en el que participaron poco más de 100.000 personas.
Massie, opuesto a la guerra en Irán y muy crítico con Netanyahu (“hubiera salido antes, pero tuve que llamar a mi oponente para conceder la victoria y me tomó un rato encontrarlo en Tel Aviv”, bromeó anoche al comparecer a aceptar su derrota por 10 puntos de diferencia) es, en la práctica, el único político republicano en choque abierto y total con Trump. Se cruzan ataques, descalificaciones e insultos casi a diario. El presidente lo odia y desprecia como a pocos porque se atrevió a desafiarlo, le lleva la contraria y sacó adelante, entre otras cosas, la resolución del Congreso que instó al Departamento de Justicia a publicar los archivos de Epstein.
Massie quiso demostrar que se puede tener carrera en el Partido Republicano teniendo en contra a la Casa Blanca, como antaño ocurría, y ha sido machacado por una máquina implacable. No son solo las decenas y decenas de mensajes del presidente en sus redes sociales, entrevistas y mítines. Se ha visto una movilización brutal, que incluyó un viaje exprés de Trump a Kentucky y el envío de sus principales ministros para hacer campaña con su rival, con el objetivo de dejar claro que cualquiera que se mueva no saldrá jamás en la foto. Sin el apoyo del líder, no hay opción.
En Kentucky, por cierto, también dice adiós a la política este año el senador Mitch McConnell, durante lustros el hombre más poderoso del Congreso, el líder de la mayoría y la figura que controlaba todo y lideró la oposición a Obama. McConnell cometió el error de maniobrar para evitar una condena definitiva contra Trump tras lo ocurrido en su primer mandato. No porque no pensara que no lo mereciera, sino porque, dando por acabada la carrera política del multimillonario, quería aprovechar el impulso de las bases que había construido. Calculó mal. Trump volvió y durante años ha humillado y despreciado a McConnell como a pocos, hasta el punto de que el partido acabó apartándolo y ninguneándolo. Su reemplazo será el favorito de Trump, después de que forzara a su único rival a apartarse ofreciéndole a cambio una embajada.
Lo explicó mejor que nadie este fin de semana el poderoso senador Lindsey Graham, de Carolina del Sur, un halcón de toda la vida con décadas de experiencia en Washington. Alguien que en 2021 dijo “romper” con Trump tras el asalto al Capitolio, pero que volvió con el rabo entre las piernas al ver cómo soplaban los vientos. Opinando sobre la derrota de otro senador, Bill Cassidy —uno de los pocos que votó a favor de un impeachment contra Trump en el pasado— en las primarias de Luisiana, Graham advirtió de que cualquier legislador republicano que se oponga al presidente puede esperar el mismo destino. “Quienes intenten destruir políticamente a Trump, quienes se interpongan en el camino de su agenda, van a perder. Este es el partido de Donald Trump”, zanjó.
“No me apoyó en los momentos difíciles”
El martes por la tarde, toda la prensa nacional estaba pendiente de la decisión del presidente sobre otras primarias importantes, las del Senado por Texas. “El respetado fiscal general de Texas, Ken Paxton, un patriota que defiende America First y alguien que siempre me ha sido sumamente leal a mí y a nuestro INCREÍBLE MOVIMIENTO MAGA, se presenta al Senado para representar un lugar que amo y que GANÉ tres veces, con 6,4 millones de votos en 2024 —¡la mayor cantidad de votos en la historia del estado, por mucho!—”, escribió en Truth Social. “John Cornyn es un buen hombre y trabajé bien con él, pero no me apoyó en los momentos difíciles”, añadió, explicando por qué se decantaba por Paxton y no por Cornyn, que ya es senador.
Ahí está todo. Paxton, que en las últimas dos décadas ha encadenado todo tipo de escándalos, desde un impeachment hasta un divorcio brutal y “bíblico” tras varias infidelidades, pasando por acusaciones de fraude bursátil, aceptación de sobornos, cohecho, acoso laboral, enriquecimiento ilícito o mala praxis para intentar revertir el resultado de las elecciones de 2020, es un candidato objetivamente mucho más problemático para los republicanos. Es posible, incluso probable, que gane, pero le costará al partido muchísimo más dinero, que tendrá que ser desviado de otras elecciones complicadas. Y todo porque el criterio del presidente es que Cornyn, aunque después terminara plegándose, no había estado con él en los momentos difíciles. “Nunca duden del presidente Trump y de su poder político. Jueguen y verán las consecuencias”, resumió Steven Cheung, director de comunicaciones de la Casa Blanca, en un tuit.
Otro ejemplo extraordinario se dio en Georgia, en la lucha por la candidatura a gobernador. Uno de los aspirantes era Brad Raffensperger, durante muchos años secretario de Estado y responsable de la administración electoral. Trump apoyó a su rival e hizo todo lo posible por destruirlo porque hace cinco años Raffensperger se negó a “encontrarle 10.000 votos” al presidente para que ganara su estado y mantuviera opciones de seguir en la presidencia.
La llamada entre ambos ha pasado a la historia: por los intentos de Trump y sus abogados de no aceptar la derrota y por la resistencia íntegra del político, una figura profundamente conservadora que nunca aceptó las falsas denuncias de fraude electoral. Raffensperger lleva un lustro recibiendo ataques y amenazas de muerte. Las últimas, muy serias, este mismo mes, obligaron a intervenir a agentes federales y a evacuar durante unas horas un aeropuerto por un paquete sospechoso.
El índice de aprobación general de Trump ha caído ya al 37%, el nivel más bajo de sus dos mandatos. Casi dos de cada tres votantes desaprueban tanto su gestión de la economía como su decisión de declarar la guerra a Irán, y los números indican que los demócratas aventajan a los republicanos por un 50% frente a un 39% en intención de voto para las elecciones al Congreso, donde podrían hacerse con las dos cámaras. Aun así, su índice de aprobación entre los republicanos se mantiene en el 82%, según la última encuesta de The New York Times/Siena publicada el lunes. Intocable entre los suyos, pase lo que pase, haga lo que haga.
Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2026/05/21/6a0de0c4e4d4d8c75f8b45aa.html
