México está envejeciendo, ¿pero está preparado para ser un país de personas mayores?
Por Soporte
Como cada 28 de agosto, este viernes se conmemora en México el Día Nacional de las Personas Adultas Mayores, fecha que motiva a la reflexión mientras el país se acerca a un punto de inflexión demográfico.
Durante décadas, México estuvo asociado con una población predominantemente joven; sin embargo, en 2026 cerca de 17.1 millones de personas tienen 60 años o más, según estimaciones del Consejo Nacional de Población (Conapo).
Para 2030, las personas mayores representarían alrededor de 14.96% de la población y superarían proporcionalmente al grupo de cero a 14 años. Para 2070, podrían constituir 34.2% del total.
Más allá de si México va a envejecer, la pregunta es si sus instituciones, ciudades, servicios de salud, sistemas de cuidados y mecanismos de protección social están avanzando a la misma velocidad que su población.
El propio gobierno federal reconoce el desafío
El Programa Nacional de Población 2026-2030, publicado en mayo, identifica al envejecimiento como uno de los cambios estructurales que obligan a adaptar las políticas públicas y anticipar el final del bono demográfico. El documento plantea fortalecer salud, cuidados, empleo, seguridad social y planeación territorial para enfrentar una sociedad más longeva.
Una primera señal está en la salud. Los resultados de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2024, presentados por el INEGI en abril de 2026, muestran que entre las personas de 50 años y más, 41.5% vivía con hipertensión y 25.5% con diabetes.
Además, el seguimiento de una misma generación muestra cómo se acumulan los padecimientos: entre quienes tenían de 50 a 59 años en 2012, la proporción con diabetes era de 16%; en 2024, cuando ese grupo tenía entre 62 y 71 años, llegó a 28.1%.
Los datos apuntan a una diferencia fundamental entre vivir más años y hacerlo con salud y autonomía. La ENASEM encontró también que 9.3% de las personas de 50 años y más tenía al menos una limitación para realizar actividades instrumentales de la vida diaria, como hacer compras, preparar alimentos o manejar dinero. En las mujeres, el porcentaje alcanzó 12.4%, frente a 5.8% entre los hombres.
¿Quién cuidará de una población que perdió su autonomía?
Las limitaciones de salud llevan a uno de los problemas de mayor alcance para las próximas décadas: quién cuidará a una población de mayor edad cuando pierda autonomía.
La paradoja es que una parte importante de quienes se aproximan a la vejez ya son cuidadores. Según el INEGI, 35% de las personas de 50 años y más cuidaba en 2024 a menores de 12 años, personas adultas enfermas o personas con discapacidad.
La diferencia por sexo es amplia: lo hacía 43.8% de las mujeres, contra 25.1% de los hombres. Esto significa que millones de personas llegan al envejecimiento después de haber sostenido tareas de cuidado distribuidas de manera desigual.
El problema adquiere otra dimensión cuando se observa la oferta formal. En agosto, durante la Sexta Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe, la titular de Conapo, Gabriela Rodríguez, señaló que apenas 0.73% de los hogares mexicanos contrata servicios especializados de enfermería o apoyo para personas mayores o con discapacidad.
“Tenemos que precisar estándares de competencia del sistema de cuidados, profesionalizar y formar especialistas en distintos niveles de dependencia”
— Gabriela Rodríguez, titular de la Conapo
Lugar en que se envejece también marca desigualdades
El lugar donde se envejece también condiciona las posibilidades de recibir atención. Un estudio publicado en junio de 2026 por Diana Laura Ramírez Meneses y Guillermo Castillo Ramírez, del Instituto de Geografía de la UNAM, encontró una marcada heterogeneidad territorial en el envejecimiento y una distribución desigual de recursos especializados de salud.
Mientras la Ciudad de México presenta un envejecimiento elevado, entidades como Chiapas y Quintana Roo conservan estructuras poblacionales más jóvenes; al mismo tiempo, los recursos especializados se concentran principalmente en entidades con mayor desarrollo socioeconómico.
Así, hablar de “los adultos mayores” como un solo grupo puede ocultar profundas diferencias. Envejecer siendo mujer, en una comunidad rural, con una trayectoria laboral informal, sin seguridad social o con una enfermedad crónica supone retos distintos a hacerlo con ingresos estables, redes familiares y acceso cercano a servicios especializados.
Una investigación publicada en enero por el Programa Universitario de Derechos Humanos de la UNAM plantea que la evaluación de las políticas para personas mayores debe hacerse desde una perspectiva de derechos: salud, seguridad social, vivienda, trabajo, educación, autonomía, participación y no discriminación.
México ya conoce la dirección de su transformación demográfica. Incluso su Programa Nacional de Población reconoce que debe prepararse para una sociedad longeva. La ventana de oportunidad está en actuar antes de que los problemas de salud, dependencia y cuidados alcancen una escala mayor. Prepararse para envejecer implica diseñar un país en el que vivir más años no signifique perder autonomía, derechos, ingresos o acceso a la vida pública.
3 preguntas con
Luz Graciela Castillo Rocha. Directora regional del Departamento de Estudios Humanísticos en los campus de región Ciudad de México

¿México está realmente preparado —en salud, pensiones, cuidados y servicios públicos— para convertirse en un país con una proporción cada vez mayor de personas adultas mayores?
- Si se toma en consideración la oferta de apoyos que en este momento están disponibles para las personas adultas mayores, diría que tenemos una preparación incipiente en relación con los servicios disponibles, en cuanto a qué tan suficientes resultan y cómo está diseñada la atención para estas personas. El problema es que si en este momento hay que trabajar mucho para pensar en la cobertura y la calidad de los apoyos, en unos años, de no prepararse, esto redundará en la precarización de la calidad de vida para los adultos mayores.
En algunos casos, el ostentarse como adulto mayor si ofrece ventajas, como menos tiempo de espera, descuentos en servicios o bienes, acceso a una pensión universal; sin embargo, la cobertura o los acuerdos al respecto son insuficientes o no tienen un diseño apropiado que respete las condiciones de vida de los adultos mayores; pienso que a veces son poco empáticos porque se diseñan y ofrecen desde la perspectiva de una persona que no vive en esta etapa de vida, que requiere reconocer que, como en todos los casos, somos seres bio-psicosociales, que tenemos necesidades en todos sentidos y que se van transformando en las diferentes etapas de vida.
Por poner algunos ejemplos, está el caso de los trámites bancarios o en oficinas públicas que requieren que la persona verifique su identidad con biométricos, como es el caso de comprobación de identidad con huellas digitales en sensores, sin considerar que las huellas se desgastan con el paso del tiempo, son aspectos que no contempla el trámite y que se convierten eventualmente en obstáculos.
Otro ejemplo, para quien deja de trabajar y todavía tiene derecho a una pensión del IMSS, el trámite se toma su tiempo, y no considera que la persona que se jubila, a pesar de tener tiempo, también tiene obstáculos para acceder a los recursos que por ley le corresponden. Y en cuanto a la atención médica, a pesar de que se ofrece el “Médico en tu casa”, todavía no alcanza la cobertura que debería, y con el incremento de la población adulta mayor, es posible que el reto de la cobertura incremente.
Y ya para finalizar, los seguros privados, en especial los que tienen que ver con atención médica, se incrementan de manera exponencial cuando la persona llega a los 60 años.
¿Cuáles son hoy las principales carencias o riesgos que enfrenta una persona al envejecer en México y cuáles deberían atenderse con mayor urgencia?
- Pienso que la calidad de vida se ve afectada por la cobertura de servicios básicos, en particular la salud y el ingreso. También porque las transformaciones tecnológicas y su impacto en los procesos cotidianos dejan fuera de la jugada a muchas personas que crecieron e hicieron sus vidas fuera del mundo digital, dado se ven forzadas a utilizar tecnologías que no están diseñadas para ellos, en una sociedad que día a día, cada vez más, incorpora gran cantidad de procesos en aplicaciones del celular y descarta la versión analógica de los mismos.
El hecho de dejar de percibir un salario y recibir una pensión, también requiere una educación financiera con la que no contamos una gran cantidad de ciudadanos, esto hace susceptibles a las personas adultas mayores a ser víctimas de fraudes y despojos.
Por otro lado, pensando en el caso reciente de los despojos inmobiliarios en la Ciudad de México, muchas personas mayores tampoco cuentan con defensoría legal que se haga cargo de sus necesidades, y que atienda sus condiciones de vida.
El tema del cuidado de la salud y la prevención de enfermedades debe contemplar, además de las activaciones físicas, aspectos intelectuales y emocionales, que deben incrementar su cobertura.
Si me preguntan cuáles deberían atenderse con mayor urgencia, yo pondría varias dimensiones simultáneas: salud (física y psicológica), ingreso, seguridad en la vivienda, acceso adecuado a servicios públicos y privados.
¿Qué tendría que cambiar México durante los próximos años para garantizar no sólo una mayor esperanza de vida, sino una vejez con autonomía, salud y calidad de vida?
- Entre otras se requiere un cambio cultural, en donde las personas adultas mayores sean consideradas parte activa de la sociedad. Muchas veces al dejar el trabajo se deja de considerar a la persona “productiva” y se le excluye. Reconocer y atender a las personas, de cualquier edad, a partir de su dignidad, honrar sus historias y trayectorias son los fundamentos que permiten generar en el entorno social los medios para consolidar una sociedad armónica.
En la medida en que los cambios se aceptan y existen en el entorno social los espacios para llevar a cabo acciones que construyen el bienestar de las personas, es cuando podemos aspirar a una mejor calidad de vida. Los medios de comunicación, la educación, las políticas gubernamentales, y sistemas de salud y justicia que reconocen la diversidad y necesidades de todas las personas son esenciales para poner un piso parejo para que todas y todos avancemos en nuestros proyectos de vida.
También necesitamos que se haga realidad un sistema de cuidados que apoye la dimensiones que mencioné en la pregunta anterior: estructuras, procesos orientados a atender de manera sistémica las necesidades de la población adulta mayor y formación profesional para las personas que lo operan, considerando además compensaciones dignas para quienes llevan a cabo estas tareas.
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