Teherán estima que la guerra ha provocado la pérdida de entre uno y dos millones de puestos de trabajo
Irán volvió a marcar sus líneas rojas para poner fin a la guerra, en el último intercambio de exigencias con Washington que mantiene en vilo a toda la región y los mercados internacionales. El portavoz de Exteriores, Esmail Baqaei, definió la postura iraní como “generosa” y enumeró las demandas iraníes, que van desde el fin total de los ataques -incluida la ofensiva israelí en Líbano-, al desbloqueo de Ormuz y levantamiento de sanciones contra Teherán. El presidente estadounidense, Donald Trump, tildó las exigencias iraníes de “inaceptables”, dejando una vez más el conflicto suspenso, en una tregua frágil en la que no han cesado los ataques, un limbo que estrangula aún más una economía iraní que ya estaba muy debilitada antes de la guerra.
Gholamhosseon Mohammadi, funcionario del gobierno iraní, estimó que la guerra ha provocado la pérdida de un millón de puestos de trabajo, aunque el desempleo indirecto podría alcanzar los dos millones de trabajadores este año, declaró a la agencia oficial Tasnim. La pérdida de empleo abarca desde sectores golpeados por los ataques aéreos como la industria de acero o comercio internacional, hasta miles de perfiles laborales vinculados al sector tecnológico, que llevan más de 70 días en suspenso debido al bloqueo de internet impuesto por el régimen.
El gobierno iraní se centra en los daños materiales que produjeron los ataques de Israel y Estados Unidos -que el régimen cifró en 229.000 millones de euros- pero se desconoce aún la magnitud del impacto que tendrán éstos en el empleo, así como el daño en la industria provocado por el bloqueo estadounidense en Ormuz contra los puertos del país.
El golpe más severo se ha producido en el sector industrial, denuncian los sindicatos, debido a la interrupción del trabajo de las fábricas, así como a la escasez de materias primas. La mayor productora de acero del país, Mobarakeh, ha despedido a más de 27.000 trabajadores en la última semana, tras pasar más de un mes con la producción paralizada por los ataques aéreos contra una de sus principales instalaciones en Isfahán, según el noticiario Rouydad24. Con la segunda productora de acero del país en Kuzhestan, la cifra de despidos supera los 50.000, mientras que muchas plantas han cambiado el modelo de negocio, optando por jornaleros, a causa de la incertidumbre sobre la disponibilidad de materias primas para producir.
La escasez ha empeorado con el bloqueo estadounidense contra puertos iraníes, que impide la importación de materiales vitales para muchas industrias, dañando empresas de textil y productoras de alimentos. “El impacto va mucho más allá de las propias instalaciones, afectando a las cadenas de suministro, los ingresos estatales y el sustento de la población”, declaró un sindicalista llamado Shokri al medio DW.
Las empresas de comercio electrónico se encuentran en una situación aún más delicada, tras más de dos meses de restricciones de internet impuestas por el régimen. Las mayores empresas de comercio electrónico y de aplicaciones de transporte privado han anunciado recortes de plantilla e incluso el cierre total de las operaciones. “Tras dos guerras y meses de bloqueo de internet, ya no podíamos ignorar la crisis. Esta vez, nos es imposible continuar”, anunció en abril el fundador de Kamva, Hadi Farnoud, una empresa de comercio electrónico.
Los expertos apuntan que el bloqueo estadounidense contra puertos iraníes no solo previene la entrada de mercancías al país, sino que mantiene el desgaste económico en Irán a pesar de que no hay ataques militares contra su industria. “La presión económica derivada del bloqueo, la incertidumbre estratégica y la continua confrontación de baja intensidad reduce los costos para Estados Unidos a la vez que los aumenta para Irán”, escribe el analista iraní Hamidreza Azizi, del SWP Berlín. Trump por su parte, no esconde que ahogar la economía iraní forma parte de la estrategia de presión contra el régimen. “Espero que fracase”, dijo el presidente estadounidense sobre la economía del país. “¿Saben por qué? Porque quiero ganar”, aseguró.
El descalabro económico amenaza con convertir la inflación en una gran amenaza para la seguridad alimentaria de millones de personas. Los precios aumentaron más de un 70% en el último mes, con alimentos básicos de la cocina iraní como el arroz, superando el 170% de inflación o el aceite vegetal, con un 308%. El régimen ha pedido a las empresas que eviten despidos masivos y achacan el aumento de precios a la guerra iniciada por los ataques de EEUU e Israel en septiembre.
Sin embargo, el Gobierno iraní arrastra una inflación galopante y un creciente desempleo desde hace años, que han creado un gran malestar social, con estallidos de protestas en diciembre tras el colapso de la moneda nacional. Las manifestaciones por el descontento económico fueron reprimidas con violencia, con más de 7.000 muertos y 50.000 detenidos. Al menos una decena de manifestantes han sido ejecutados por su participación en las movilizaciones. El gobierno iraní sigue culpando a fuerzas extranjeras de incitar las protestas, mientras el descontento por la situación económica sigue latente, pese a la represión y el conflicto con Estados Unidos e Israel.
Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2026/05/12/6a01df21fdddff5b298b4596.html
