El primer ministro británico no ha hecho esfuerzos por ofrecer un nuevo marco para el Laborismo

Las elecciones locales del Reino Unido han sido un duro golpe para Keir Starmer. Aunque lucha para sobrevivir, sus días están contados. Starmer es de carácter conciliador, pero su debilidad provoca un nivel de animadversión a pie de calle parecido al de Sánchez.

Como el poder en los partidos políticos del Reino Unido radica en los militantes, los líderes allí no tienen capacidad de enrocarse. Starmer no va a ser el líder laborista en las próximas elecciones generales: se va a tener que ir. La única duda es cuándo.

Las tendencias políticas británicas son claras y todas ellas relevantes para España:

Primero, la fragmentación. La política en el Reino Unido ha estado dominada por dos partidos desde tiempos inmemoriales. Pero ahora se ha fragmentado en cinco y no hay visos de volver al bipartidismo ni a corto ni a medio plazo. Para todos aquellos que sueñan con un sistema electoral distinto en España, es interesante observar que la fragmentación británica se ha producido con un sistema electoral marcadamente mayoritario. Cuando la fragmentación se produce por los extremos, no hay sistema electoral que pueda pararla.

Segundo, los votantes de toda la vida son cada vez más escasos. Hay transferencias de votos constantes y en todas las direcciones: conservadores que se van al partido de Farage, pero también laboristas que le dan su voto; laboristas que se van a los Verdes y también conservadores que les votan. Como ocurre en España -donde el votante férreo del bipartidismo tiene ya más de 65 años- el voto duro de los partidos tradicionales está cada vez más acotado.

Tercero, la vocación de la extrema derecha es claramente reemplazar a los conservadores. En esto los británicos van por delante de nosotros, ya que Farage montó su partido más de una década antes que Abascal. Entonces parecía impensable que la extrema derecha pudiera cuajar en el país de la democracia liberal por antonomasia. Pero contagiaron a los conservadores con su histrionismo y ahora Farage parece hasta razonable.

Y cuarto, todos los votos británicos son ahora mismo defensivos (los de los partidos tradicionales) o protesta (los de los nuevos partidos). En un país que lleva diez años, desde el Brexit, mirando ora al pasado, ora a su ombligo, no hay ni un solo proyecto político centrado en el futuro. Exactamente lo mismo que ocurre en España, aunque por otras causas.

Starmer se autodenomina progresista pero todo lo que ofrece es nostalgia de un Estado y de un poder público del siglo XX que ni británicos ni europeos nos podemos ya costear. Atrapado en la atalaya de la superioridad moral de la izquierda, no ha hecho esfuerzo alguno por plantear un nuevo marco intelectual de eficiencia del estado para el laborismo. Un progresista que no aspira a asegurar la prosperidad para las generaciones futuras. Un político inservible en el siglo XXI. Si eso es todo lo que la izquierda puede ofrecer, quizás sea entendible que tantos británicos se planteen votar a Farage como primer ministro.

Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2026/05/09/69fe231fe9cf4a2e798b459e.html

Por Editor