Varias decenas de israelíes aceptaron misiones como recabar información sobre instalaciones sensibles, sobre dirigentes políticos y de los servicios de seguridad o alimentar caos y polarización

A primera hora de la mañana del 15 de septiembre de 2023, una fuerte explosión rompió el silencio en el Parque Hayarkon en Tel Aviv. El artefacto colocado debajo de un árbol y equipado con un sistema de detonación remota no causó heridos porque fue activado a destiempo al parecer por un error de identificación.

Ese mismo día y gracias a las cámaras, Israel detuvo a los que colocaron el explosivo. Un año después, el servicio de seguridad interna israelí (Shabak) reveló que detrás de la rara explosión se encontraba una célula formada por varios árabes israelíes y un palestino de Jerusalén Este.

Según la investigación, el objetivo del atentado realizado por Hizbulá y planeado por Irán era el ex ministro de Defensa israelí Moshe Yaalon. El que fuera también jefe del ejército solía ir en bicicleta a esa hora y en esa zona pero esa mañana se quedó en casa por orden del Shabak. Meses antes, una información captada por la Inteligencia militar reveló la intención de Hizbulá de matar a Yaalon y a otra importante personalidad israelí.

Se trataba, según Israel, de otro intento de la Fuerza Quds (brazo armado exterior de la Guardia Revolucionaria) de asesinar a dirigentes y altos mandos del presente y pasado de su gran enemigo. Más allá de su estrategia de armar y activar proxis contra lo que llama “entidad sionista”, la sed de venganza del régimen iraní ha ido creciendo a medida que oficiales de la Guardia Revolucionaria y responsables de su plan nuclear eran asesinados, mayormente en la sombra, por Israel.

La muerte del jefe militar del grupo libanés proiraní, Imad Mugniyah, a cargo del Mosad en Damasco (2008) y del responsable de la fuerza iraní y sus milicias en la región, Qassem Soleimani, a cargo de EEUU en Bagdad (2020) fueron dos puntos de inflexión que golpearon un eje que, años después, perdió a los dos jefes de los anteriores, Hasan Nasralá y Ali Jamenei por misiles israelíes.

En los últimos años, la red del espionaje iraní se ha extendido para captar israelíes, judíos y no judíos. Un fenómeno que encendió la alarma social en Israel y llevó a su servicio de contraespionaje a incrementar sus recursos especialmente en el campo cibernético.

En ocasiones sin ser plenamente conscientes del daño potencial a su país y las penas que ello puede causarles, varias decenas de ciudadanos en Israel aceptaron realizar misiones como recabar información sobre instalaciones sensibles y dirigentes en el estamento político y de seguridadfotografiar casas de diputados o simplemente alimentar caos y polarización (con la quema de coches y contenedores o grafitis por ejemplo). Todo a cambio de dinero fácil y en muchos casos no cuantioso.

Desde el inicio de la guerra con el ataque de Hamas del 7 de octubre del 2023, la policía y Shabak desarticularon alrededor de 40 casos con más de 50 sospechosos. Al menos 120 intentos de espionaje iraní fueron frustrados en un solo año. En 2024 se registró un aumento del 400% de casos respecto al año anterior.

Un medio de reclutamiento de la Guardia Revolucionaria iraní es entablar contactos con israelíes de perfil determinado que viajan a países como Turquía o Azerbaiyán para seducirles con todo tipo de iniciativas remuneradas. Otro, mucho más frecuente y fácil, es pescar en el océano de las redes sociales en busca de peces vulnerables, con problemas personales, sociales o económicos que buscan aventuras o dinero. Caen en el anzuelo sin saber al principio en muchos casos quién está al otro lado del móvil u ordenador.

“A primera vista parece una acción fracasada de Irán, como han sido sus intentos de atentado en el extranjero desde el 2020, y que moviliza personas marginales sin lograr éxito. Pero si nos fijamos de forma más seria, puede ser algo significativo ya que se trata de una activación acumulativa que puede aportar información adicional a la que se obtiene por otros métodos. En el caso de Yaalon estuvo a punto de crear un atentado grave”, afirma el ex miembro de Inteligencia israelí Yoram Schweitzer.

“La penetración es peligrosa si reclutan personas en los sistemas como por ejemplo el ejército”, añade a EL MUNDO, antes de admitir que puede suponer un golpe moral a Israel tras las exitosas acciones del Mosad en Irán. “De mis conversaciones con terroristas en la cárcel, uno entiende que el enemigo también quiere demostrar que es capaz y que Israel es también penetrable“, apunta.

Los detenidos proceden de todo tipo de sectores, orígenes y localidades. Más que James Bond, pueden encajar en el papel de vecino de enfrente. Algunos son mayores como Moti Maman (73). Detenido en septiembre del 2024, este israelí de Ashkelón fue condenado a 10 años de cárcel por delitos contra la seguridad nacional y contacto con agente extranjero. Tras el primer contacto en Turquía, viajó a Irán donde mantuvo reuniones con efectivos de la Inteligencia iraní.

Maman, endeudado en ese momento, les dijo que era imposible atentar contra el primer ministro israelí o al jefe del Shabak. Finalmente fue instruido para espiar e intentar atentar entre otros contra el ex primer ministro Naftali Bennett. “No sé qué hubiera pasado y qué hubiera hecho si me hubiesen dado un millón de dólares. Solo somos seres humanos”, confesó en el interrogatorio sobre la cifra que pidió.

Bennett también fue el objetivo de Ami Gaidarov (22). Este ha sido imputado esta semana bajo la acusación de fabricar explosivos con el objetivo de asesinarle y de fotografiar el puerto de su ciudad, Haifa.

El caso de menor edad se refiere a un niño de 13 años de Tel Aviv. Según la Policía y Shabak, fue contactado en Telegram por agentes iraníes que le pidieron realizar algunas acciones a cambio de dinero. Aceptó hacer grafitis en Tel Aviv, pero no fotografiar el sistema de la Cúpula de Hierro.

El escudo antiaéreo, clave en la guerra con Irán, está en su punto de mira. Raz Cohen, un reservista en el sistema defensivo, fue detenido hace un mes por “transferir información confidencial de seguridad” (sobre la Cúpula de Hierro y otras instalaciones militares) al enemigo iraní. El militar, de Jerusalén, recibió el equivalente a 1.000 dólares en criptomonedas a cambio de la información que transmitió antes de cortar la comunicación en febrero de este año. Lejos de los 26.000 dólares que recibió una joven pareja de Lod a cambio de ayudar a Irán con el objetivo de dañar la seguridad nacional en una guerra en la sombra paralela a la de los misiles y las bombas.

“Son personas teóricamente sencillas que no parecen peligrosas pero pueden recabar información que, añadida a otras, puede acabar siendo operativa para realizar atentados“, concluye Schweitzer, lamentando que “hay israelíes dispuestos a vender su país por dinero”.

Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2026/04/15/69de7a78e4d4d82e668b45b0.html

Por Editor