Intenta frenar la guerra en una reunión con JD Vance en Washington
Hace apenas unas horas Washington y Teherán concluyeron un tercer encuentro con la promesa de continuar el diálogo en Viena la próxima semana. Sin embargo, la reunión programada parece aún muy lejana ante las señales de escalada militar inminente que vive Oriente Próximo. Una decena de países ha advertido a sus ciudadanos que deberían abandonar Irán cuanto antes, si puede ser este mismo viernes, ante la posibilidad de verse atrapados en un conflicto entre Estados Unidos e Irán que podría afectar a toda la región.
Tal es la incertidumbre y volatilidad de las represalias iraníes ante una intervención contra su país, que las advertencias de evacuación se extendieron a Israel, incluido el personal diplomático no esencial de la embajada estadounidense en Jerusalén. “No hay necesidad de entrar en pánico”, escribió el embajador estadounidense en Israel, Micke Huckabee, en un correo dirigido a su personal diplomático. “Pero quienes lo deseen deben planificar su partida cuanto antes”, añade el comunicado interno.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, que lidera el equipo negociador de su país, advirtió anoche tras la reunión que las demandas estadounidenses son “excesivas”, aunque no dio explicaciones sobre las diferencias que mantiene con Washington. “El éxito en este camino requiere seriedad y realismo de la otra parte, y evitar cualquier error de cálculo y demandas excesivas”, advirtió Araghchi ante la prensa iraní. “Esta ronda de conversaciones ha sido la más intensa hasta la fecha”, añadió, sin dar detalles sobre posibles avances.
Fuentes cercanas a las conversaciones señalaron a varios medios que Teherán propuso limitar el enriquecimiento de uranio a un nivel que no le permita desarrollar armas nucleares, a cambio de un alivio de las sanciones que han devastado su economía. Sin embargo, Washington no estaría satisfecho con la propuesta iraní, aunque se desconocen aún sus exigencias. En los últimos días, varios funcionarios estadounidenses, incluido el presidente Donald Trump, han lanzado acusaciones contra Irán que no están probadas, como que Teherán ha reiniciado su programa nuclear tras la guerra contra Israel de 2025, que tiene armas nucleares o que sus misiles balísticos suponen una amenaza para Washington.
En medio de estas tensiones, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, se ha sumado a las negociaciones con Irán, en un equipo que lidera el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkfoff; junto al asesor y yerno de Trump Jared Kushner. El número dos de Trump no descartó un conflicto abierto con Irán, pero señaló ayer que “no hay ninguna posibilidad” de que se trate de una guerra que durará “años”. “Creo que todos preferimos la opción diplomática”, dijo Vance. “Pero realmente depende de lo que hagan y digan los iraníes”, añadió.
Vance recibió este viernes en Washington al ministro de Exteriores omaní, Badr Al Busaidi, el principal actor mediador entre Estados Unidos e Irán. Al Busaidi aseguró hace unas horas que se produjo un “progreso significativo” en las conversaciones en Ginebra, pero su viaje repentino a Washington ha despertado las alarmas sobre una inminente escalada bélica. Se trata de la primera vez que funcionarios omaníes viajan para tener acceso directo a los principales responsables de la toma de decisiones en este momento crítico. En las últimas semanas, Al Busaidi había recibido a altos cargos iraníes en Muscat para tratar las tensiones.
Funcionarios estadounidenses señalaron ayer a Wall Street Journal que Washington ha exigido desmantelar las tres principales instalaciones nucleares de Irán y la entrega de todo el uranio enriquecido en un acuerdo permanente sin cláusulas de caducidad, una propuesta que habría recibido una negativa rotunda por parte de Teherán.
Mientras, la amenaza de conflicto inminente está provocando tensiones en otros países de la región. En Irak, la milicia proiraní Kataib Hezbolá amenaza con poner en peligro la seguridad del Kurdistán iraquí si su gobierno respalda una intervención estadounidense en Teherán. Por otro lado, el gobierno libanés ha rogado al grupo militante Hizbulá que no arrastre al país a un conflicto entre Estados Unidos, Irán e Israel. Por su parte Turquía, ha aumentado la seguridad fronteriza con Irán, ante una posible oleada migratoria hacia su frontera si estalla la guerra en el país vecino.
Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2026/02/27/69a1b9d1e4d4d817308b45c7.html
