El Medevac Hub acoge a pacientes ucranianos heridos o enfermos

El paramédico Adam Szyszka suele decir que trabaja en un lugar único. Amputaciones y heridas de bala no son algo tan extraordinario en un hospital. Pero “nunca antes, al menos en la historia médica reciente de Europa, hubo que crear una infraestructura así: un punto de evacuación médica para una guerra de alta intensidad en el corazón del continente”.

La ciudad polaca de Jasionka está a sólo una hora en coche de Ucrania, desde el inicio de la invasión se ha convertido en un punto de tránsito para pacientes ucranianos heridos o enfermos que van a continuar tratamiento en hospitales europeos”, explica a las puertas del MEDEVAC Hub, que es más una escala médica que un hospital, una pieza intermedia entre la guerra y los hospitales europeos. Puede recibir a unas 50 personas a la vez: 20 tumbadas y otras 30 sentadas o caminando. Poco más de una docena de médicos están a cargo de la situación. Algunos pacientes llegan desde el este de Ucrania y acaban en Francia, Alemania, Noruega, Suecia, Países Bajos o Dinamarca. A veces el tránsito por el hub dura 40 minutos; otras veces, dos días; en casos complicados, semanas.

El perfil de los pacientes resume la guerra que hay al otro lado de la frontera: “Alrededor del 60% son casos de traumatología y cerca del 30% corresponden a pacientes oncológicos”, ya que la guerra en algunos casos cortocircuita los procesos de tratamiento. El resto son niños, “también quemados y otras personas que necesitan prótesis” o son pacientes todavía más complejos.

En Jasionka los enfermos no son los habituales que salen los libros de medicina, llegan con el virus no contagioso de la guerra anidado en su interior. Para los polacos que trabajan allí, el ruido de un avión, una puerta o un motor no significa nada. Pero para muchos pacientes ucranianos, a pesar de haber cruzado la frontera, cualquier ruido todavía puede sonar como un cohete. Llegan con estrés postraumático, con el cuerpo roto y con la cabeza todavía en la guerra. Por eso el lugar intenta ofrecer unas horas sin alarmas aéreas, sin mensajes de ataque inminente, sin bombardeos. Hay incluso una pequeña biblioteca, apenas una estantería, pero en realidad es un analgésico de papel: si un paciente coge un libro, durante ese rato no está haciendo scroll en el teléfono saltando de una mala noticia a otra peor, ni recibiendo alertas de bombardeo, ni mirando imágenes de destrucción.

Este hub sanitario está junto al aeropuerto de Rzeszów-Jasionka, ubicado en Polonia pero considerado “el aeropuerto de Ucrania” porque el país tiene los cielos cerrados por la invasión rusa. Más de 3.800 personas han pasado por el hub en ambos sentidos desde 2022. “Estamos ante una guerra, todo es imprevisible, no sabemos cuántos pacientes llegarán ni en qué condiciones”, explica Szyszka: “Primero tenemos que garantizar que el paciente sobreviva al viaje”. Para esa tarde esperan un convoy con 20, “pero nunca se sabe”. Normalmente los pacientes llegan en ambulancia desde distintos puntos de Ucrania, suelen pasar unas 24 horas en el hub con sus acompañantes, reciben cura de heridas, cambios de vendaje, antibióticos de amplio espectro, manejo del dolor, apoyo psicológico, comida y puesta a punto de higiene. Después, en coordinación con la UE, un avión medicalizado los lleva a un hospital europeo que haya aceptado el caso.

“Muchos llegan con amputaciones, fracturas, fijadores externos, heridas por metralla o lesiones causadas por explosiones y derrumbes”. Otros no han resultado heridos en combate, sino enfermos atrapados por la destrucción del sistema sanitario ucraniano: cánceres que no pueden esperar, niños que necesitan continuar una terapia y pacientes frágiles que deben salir del país para no perder la oportunidad de tratamiento.

En Jasionka cada turno empieza con un ‘briefing’ sobre el número y el estado de los pacientes esperados y el plan de evacuación. “No preguntamos si los pacientes son soldados o civiles, pero claro que algunas veces vienen vestidos con pijamas de camuflaje”, apunta Darius, la mano derecha Adam en la coordinación del equipo.

Este pabellón diáfano es una coctelera de casos que rara vez se ven en la medicina polaca, un proceso de aprendizaje acelerado en lo que se refiere a las heridas, el dolor, la comunicación, la toma de decisiones y la entrega segura del paciente. Algunos llegan con deshidratación, consecuencia del transporte prolongado en condiciones algunas veces precarias. Hay heridas infectadas, articulaciones que no mejoran, abrasiones y síntomas de sepsis. A veces no consiguen aliviar el dolor al 100%: ése es los momentos más duros del trabajo.

Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2026/05/06/69fb791cfc6c8387428b4592.html

Por Editor