Su planteamiento era simple pero estratégico: obligar a que medios y ciudadanos usaran una palabra con significado positivo —”nice”, que en inglés significa “agradable”— al referirse a una de las agencias más polémicas del país.
La propuesta se viralizó rápidamente, acumulando interacciones y comentarios, hasta que llegó a oídos del propio Trump. El domingo 26 de abril de 2026, el mandatario retomó la propuesta en su plataforma Truth Social, donde la calificó como una “gran idea”, impulsando así el tema a la conversación política nacional.
El cambio de nombre, más allá de lo simbólico, apunta a un objetivo claro: modificar la percepción pública de ICE, una agencia que durante años ha estado en el centro de críticas por su papel en detenciones, deportaciones y operativos migratorios.
Para sus promotores, el ajuste a NICE podría suavizar el lenguaje con el que se le menciona en medios y discursos. Para sus detractores, en cambio, se trata de un intento superficial de cambiar la imagen de la agencia, pues mantendría sus acciones de fondo.
Hasta ahora, no existe ningún proceso legal en marcha para concretar el cambio. Sin embargo, que las cuentas oficiales en X del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y de la Casa Blanca ya hayan realizado publicaciones resaltando la idea de renombrar al ICE como NICE confirma que la intención ha escalado más allá de un simple comentario viral en redes sociales.
¿Se puede cambiar legalmente el nombre de ICE?
Sí es posible cambiar el nombre del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), pero no es automático. La agencia forma parte del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), por lo que cualquier modificación debe seguir un proceso administrativo formal dentro del gobierno federal.
El DHS tiene facultades para reorganizar y ajustar nombres de sus agencias internas, pero debe notificar al Congreso con al meno s 60 días de anticipación antes de que el cambio entre en vigor. Este mecanismo ya se utilizó en 2007, cuando la dependencia modificó su denominación oficial.
En la práctica, el presidente puede impulsar el cambio, pero requiere trámites, tiempos legales y ajustes administrativos. Por ahora, la propuesta de renombrarlo como NICE sigue siendo solo una idea en discusión, sin un proceso formal iniciado.
