Wes Streeting es el principal candidato a capitalizar la revuelta interna laborista contra el primer ministro

Se suponía que el interés político en Londres iba a estar hoy en el Palacio de Westminster, donde está el Parlamento británico. Esa era la previsión de todo el mundo y la esperanza del primer ministro, el laborista Keir Starmer. Porque allí, en el Parlamento, el Rey de Inglaterra, Carlos III, iba leer el discurso con el que se abre el año legislativo y en el que se enumeran los proyectos de ley que el Gobierno presentará. Era una parte más del ‘reseteo’ de su Gobierno que, con más pena que gloria, Starmer lleva tratando de lanzar desde que los laboristas quedaron relegados a una humillante tercera plaza en las elecciones locales del jueves.

Sin embargo, el discurso de una hora de Su Majestad ante cientos de parlamentarios en Westminster quedó parcialmente eclipsado por una reunión de dos personas en un edificio oficial a seis minutos andando -u ocho en coche, que el tráfico del centro siempre es algo especial- de distancia. Allí, en el número 10 de Downing Street, la residencia oficial del primer ministro, Starmer se reunió durante 17 minutos con su ministro de Sanidad, Wes Streeting.

PROCESO SUCESORIO

Ese era el evento que importaba. Streeting es el principal candidato a capitalizar la revuelta interna laborista contra Starmer causada por las elecciones. Según el diario conservador The Timesel ministro de Sanidad planea dimitir de su cargo mañana, jueves, y presentar su candidatura a líder del Partido Laborista y primer ministro, abriendo así las puertas a un proceso sucesorio de duración y resultados inciertos. Por de pronto, si Streeting lleva a cabo esa decisión, será un acto inusual, ya que el primer en presentar su candidatura contra un primer ministro en activo suele pagar su atrevimiento con el fracaso de sus aspiraciones y, a cambio, con el desbroce de la senda para los que vengan después.

Pero Streeting es un político con experiencia y un cargo de peso, no un parlamentario situado en una esquina del parlamento. Así que debería saber lo que hace. Es, además, el hombre mejor colocado para reemplazar a Starmer dentro del ala centrista del partido, a la que pertenece el primer ministro. La izquierda laborista detesta a Starmer. Su problema es que, en este momento, no tiene un líder claro con posibilidades a aspirar a mudarse a Downing Street. Entretanto, los sindicatos, que tienen un enorme peso en el partido, declararon hoy que Starmer no debe ser el candidato en las próximas elecciones generales, previstas para 2029. Acaso no sea una decpaitación inminente. Pero sí anunciada.

EL REY Y LAS MEDIDAS

En este contexto, lo que dijo el Rey quedó en muy segundo plano. Vestido con corona de Estado imperial con una impresionante colección de pedrería -que incluía el zafiro de San Eduardo, el rubí del Príncipe Negro, y el diamante Cullinan II-, con la capa de armiño de rigor y con su uniforme militar de gala, el Monarca desgranó una serie de iniciativas legislativas que parece que Starmet va a lanzar, pero que no va a ser capaz de ver concluidas. Entre ellas está el refuerzo del control de la inmigración ilegal, en un intento de arrebatar la bandera a Reform UK, el partido ultranacionalista populista que ha ganado las elecciones locales de este año y, también, las del pasado, abrir la posibilidad de la nacionalización de la única siderurgia con altos hornos que queda en el Reino Unido, reducir las listas de espera de los hospitales públicos – que compiten con las de España – y contener la subida de los precios.

Todo eso era muy relevante. Pero lo que más importa hoy en Londres no es lo que diga Carlos III, sino Starmer y Streeting. Ninguno quiso hacer declaraciones tras los 17 minutos. Los portavoces de Streeting replicaron a Financial Times que tampoco iban a hablar por respeto al rey.

Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2026/05/13/6a046017e85eced05f8b45aa.html

Por Editor