Cambio de fichas en los poderes del Estado y también masiva en el seno del gobierno
El viejo axioma lampedusiano de que todo cambia para que todo siga igual necesitaría una nueva versión para la Venezuela 2026: muchas cosas han cambiado desde la captura de Nicolás Maduro hace cuatro meses para que la revolución bolivariana 3.0 se mantenga en el poder. Si algo es evidente, entre bastidores políticos lleno de interrogantes, es que la presidenta encargada Delcy Rodríguez y su todopoderoso hermano Jorge se han propuesto desmontar el madurismo al precio que sea.
Su propia supervivencia depende de ello, al igual que la presencia del jefe represor, Diosdado Cabello, necesario para controlar que el pueblo venezolano no pulverice los plazos impuestos desde Washington en busca de la transición a la democracia.
Unas piezas por otras: el círculo de los Rodríguez por las fichas de Maduro y Cilia Flores, su mujer, dedicados ahora a leer la Biblia en su celda de Nueva York mientras el dictador escribe indescifrables mensajes religiosos para publicar en sus redes sociales. El último, el pasado domingo, titulado “Perseverancia en el triunfo del bien y la libertad”, tan ausentes de Venezuela durante su mandato.
El nombramiento del colaboracionista Timoteo Zambrano, escudero fiel de Zapatero, para la Embajada de Madrid y el de Enrique Ochoa Antich (reconocido por su beligerancia extrema contra la oposición democrática) para la Embajada de Berlín confirma la misma estrategia y profundiza el arte de la simulación política.
Lo mismo ocurre con el trueque de magistrados del trascendental Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), bajo control de Cilia Flores durante 15 años y que ahora se allana con un comité de postulaciones del que saldrán los elegidos por el chavismo reciclado. Previamente Delcy sustituyó al fiscal Tarek William Saab, cómplice de crímenes de lesa humanidad durante una década y encargado hoy de dar “vida al alma y al ser nacional”, por Larry Devoe, un jurista multiusos defensor de los abusos de derechos y, por lo tanto, de entera confianza de los Rodríguez.
Cambio de fichas en los poderes del Estado y también masiva en el seno del gobierno. La sustitución de una veintena de ministros por una mayoría de fieles y tecnócratas crecidos a la sombra de la antigua vicepresidenta incluyó la salida abrupta de los favoritos de Maduro: desde el poderoso general Vladimir Padrino López, reciclado como ministro de Agricultura, al testaferro de los Maduro, el polémico magnate colombiano Alex Saab, detenido hoy en el Helicoide.
“Estamos frente a un reacomodo del poder. El madurismo ha quedado sepultado y el chavismo va por ese camino [ya no hay rojo, ya no hay “Chávez vive”, ya no hay socialismo]. Está claro que varias de estas designaciones son, por un lado, un intento de cortejar a Estados Unidos [o incluso nombramientos avalados desde Washington, como por ejemplo el cambio de Padrino López a González López en Defensa], y por el otro la búsqueda de Delcy y Jorge Rodríguez de rodearse de los suyos propios. Lo que está por verse es si este reacomodo tiene como finalidad cumplir las tres etapas descritas por Marco Rubio o si por el contrario sólo buscará profundizar el poder de facto”, explicó a EL MUNDO el analista Walter Molina Galdi.
Anoten este nombre: Calixto Ortega (42 años). El nuevo vicepresidente de Economía y Finanzas, antiguo presidente del Banco Central de Venezuela (BCV) y sobrino del poderoso magistrado del Tribunal Supremo, de mismo nombre, ha aparecido junto a Delcy en todos los encuentros importantes con sus invitados de Washington. Formado en Estados Unidos, es el tecnócrata por excelencia, encargado de dirigir además el Centro Internacional de Inversión Productiva.
Ortega pasó incluso con nota la entrevista que le realizó el otrora comentarista estrella de Fox News, Tucker Carlson, en la Cumbre Mundial de Gobiernos de Dubai.
Luis Villegas, ministro de Industrias y Comercio Nacional, es mucho más que el reemplazante de Saab, bajo custodia hoy en la cárcel del Helicoide, también entre los favoritos de la presidenta encargada. Como Paula Henao, ministro de Hidrocarburos, procedente de la cantera de PDVSA y que ascendió en la petrolera estatal a la sombra de Delcy.
Entre el grupo del nuevo poder también destaca el embajador para Estados Unidos, el ex canciller Félix Plasencia, de origen canario y que viajaba junto a Delcy en su polémico viaje a Barajas. Otra de las piezas cotizadas es Oliver Blanco, vicecanciller que proviene de filas opositoras, aunque desde hace tiempo se le vinculaba con la presidenta encargada.
La propaganda gubernamental también cambió de dueño. El ministro que le hacía los vídeos a Maduro pasó a otra cartera ministerial para posibilitar el ascenso de Miguel Pérez Pirela, periodista y filósofo, de mayor altura intelectual de quienes le han precedido en el cargo. No sólo sigue de cerca todas las actuaciones de Delcy, también se ha empeñado en renovar los programas de Venezolana de Televisión.
Cabello no sólo se mantiene al frente del sistema represivo, trascendental para que la marea popular opositora no se la lleve por delante, sino que también ha incluido a su hija, la fracasada artista Daniella Cabello, como ministra de Turismo, un puesto “familiar”: su madre, Marleny Contreras, ocupó durante años la misma cartera.
“Se cumplen cuatro meses desmontando un sistema de casi tres décadas. Entender que este es un proceso endeble y con un equilibrio muy delicado pero que, sin lugar a dudas, es un mejor lugar que en el que estábamos hace solo unos pocos meses”, sentenció para este periódico el internacionalista Luis Peche.
Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2026/05/05/69d9215de9cf4a777a8b45a9.html
