El vicepresidente de EEUU se vuelca con el primer ministro húngaro en Budapest, pero las encuestas siguen favoreciendo al opositor Magyar

El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, cerró este miércoles en Budapest una visita de dos días convertida en un respaldo político explícito del entorno de Donald Trump y de los líderes del movimiento MAGA al primer ministro húngaro, Viktor Orban. La incógnita es si ese apoyo le beneficiará en las urnas: a cuatro días de las elecciones, las encuestas siguen dando ventaja al líder opositor, Péter Magyar.

Vance llegó a Hungría con todo el arsenal discursivo del trumpismo y plenamente alineado con el de Orban. Cargó contra Ucrania, la Unión Europea y la política energética. Llegó incluso a pedir el voto para el primer ministro húngaro en un mitin ante miles de seguidores y a asegurar que había viajado a Budapest para ayudarle a ganar las elecciones. Magyar no pudo sino criticar la actitud y dijo que el futuro del país no debe decidirse desde Washington.

Vance cerró su visita con una intervención central en la Mathias Corvinus Collegium, una institución financiada por el Gobierno húngaro y convertida en uno de los principales instrumentos de proyección ideológica del orbanismo. Desde ese escenario, y ante una audiencia afín, Vance volvió a arremeter contra la Unión Europea, a la que acusó de ejercer una “interferencia escandalosa” en el proceso electoral húngaro e incluso de haber intentado “destruir la economía húngara”. En ese mismo tono, cargó contra los “burócratas de Bruselas”, de los que dijo directamente: “odian a Orban”. Endureciendo así el discurso respecto a la jornada anterior. Al mismo tiempo, dirigió sus ataques contra Kiev y contra el presidente ucraniano Volodimir Zelensky, cuyas declaraciones calificó de “escandalosas”.

Lo curioso es que casi en paralelo surgían nuevas revelaciones sobre cómo el Gobierno húngaro informó a Rusia de asuntos de la UE. El ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, prometió en varias ocasiones documentos internos de la Unión Europea a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, según nuevas grabaciones publicadas por VSquare, FrontStory, Delfi Estonia, The Insider y el Centro de Investigaciones Ján Kuciak.

La guerra

El vicepresidente estadounidense integró de forma explícita la guerra en Ucrania en el debate político húngaro, no como un conflicto externo, sino como un factor que incide directamente en la seguridad y la estabilidad del país. En Budapest, algunas declaraciones recientes de Zelensky -en las que deslizó que “el ejército ucraniano hablará en su propio lenguaje” si Hungría mantenía su posición- han sido interpretadas como una amenaza velada, especialmente en un contexto donde el tránsito energético a través de Ucrania se ha convertido en un punto de fricción central.

Entre los momentos más llamativos de la visita -y el que mejor resume su carácter político- destaca la escena del mitin celebrado en Budapest ante unas 5.000 personas cuidadosamente seleccionadas. Allí, Vance interrumpió su intervención, sacó el teléfono móvil y llamó en directo al presidente Donald Trump. La conversación, amplificada por los altavoces, convirtió el acto en una escena de validación política en tiempo real. “Señor presidente, está usted con unos 5.000 patriotas húngaros y creo que le quieren incluso más que a Viktor Orban.” Desde Washington, Trump respondió: “Es un hombre fantástico… ha hecho un trabajo fantástico”.

En paralelo, el Gobierno húngaro ha impulsado una escalada interna construida en los últimos días. Ha elevado el nivel de alerta en torno a sus infraestructuras energéticas tras el supuesto intento de sabotaje del gasoducto Balkanstream. Orban ha movilizado al Consejo de Seguridad Nacional, ha ordenado protección militar sobre la infraestructura y ha reforzado un discurso centrado en la vulnerabilidad del país ante presiones externas. Su ministro de Exteriores ha llegado incluso a insinuar la posible implicación de Ucrania, sin que se hayan presentado pruebas públicas que respalden esa acusación.

Pero esa narrativa no es unánime. El líder de la oposición, Péter Magyar, ha denunciado una posible “operación bajo falsa bandera” y ha acusado al Gobierno de utilizar la seguridad energética como herramienta de campaña, introduciendo así una grieta en el relato oficial.

Ese marco no solo se articula en los discursos: también se proyecta en el espacio público. La presencia de Zelensky en la cartelería electoral -convertido en símbolo de guerra y presión externa- refuerza visualmente el encuadre que el Gobierno trata de fijar.

La reacción europea fue inmediata. La Comisión Europea anunció este mismo miércoles que trasladará formalmente su preocupación a Washington, mientras varios gobiernos, entre ellos el alemán, calificaron la intervención como una injerencia en el proceso electoral húngaro, abriendo un nuevo frente de fricción entre Bruselas y Washington más allá del propio conflicto en Ucrania.

Todo ello se produce en un momento especialmente delicado en el plano interno. Los sondeos sitúan al líder opositor con una ventaja clara sobre el partido de Orban: algunas encuestas le otorgan hasta un 56% de apoyo entre los votantes decididos, frente al 37% de Fidesz, con diferencias que en otros estudios se mantienen en torno a los 10 puntos. Sin embargo, el elevado número de indecisos -en algunos casos superior al 20%- y el propio diseño del sistema electoral húngaro, donde la distribución de escaños puede favorecer a Orban incluso sin imponerse en el voto popular, mantienen abierto el desenlace.

Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2026/04/08/69d68b4ce9cf4a66658b4590.html

Por Editor