Israel hace un balance positivo de la tres primeras semanas de ofensiva, pero el control del uranio enriquecido al 60% sigue siendo una incógnita
Grietas. Término importante para cruzar el umbral de la tercera semana de la ofensiva israelí-estadounidense en Irán. De la misma forma que el régimen iraní espera que las grietas en su cúpula y órganos de seguridad no provoquen un boquete irreversible y el escudo defensivo de Israel intenta reducirlas al mínimo, el primer ministro Benjamín Netanyahu hace todo lo posible para evitarlas en su relación con su gran aliado en general y especialmente en la guerra.
La continuidad de la ofensiva de Israel pasa por el aguante y apoyo de sus ciudadanos en retaguardia y sobre todo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. A la espera de la decisión de este sobre la continuidad de la guerra que dependerá de la crisis económica-energética en torno al estrecho de Ormuz, Netanyahu hace un balance positivo al anunciar que Irán se quedó sin capacidad de fabricar misiles balísticos-se cree que le quedan cientos- y de enriquecer uranio.
Con todo, Israel sigue lejos de los dos objetivos más ambiciosos por los que la mayoría de sus ciudadanos aceptan que su vida sea desafiada y alterada por misiles y sirenas. Los que entran a los refugios con la misma frecuencia con la que sus cazas de combate van a Irán aspiran a la caída del régimen de los ayatolás y la neutralización de los 450 kilogramos de uranio enriquecido al 60% enterrados bajo tierra.
Dos misiones que las poderosas Fuerzas Aéreas de Israel y Estados Unidos no pueden cumplir por sí solas. Respecto al cambio de régimen, el factor clave es la vuelta de manifestantes iraníes a las calles una vez hayan cesado los bombardeos y se rompa la barrera psicológica del miedo impuesta con sangre por las Basij en la represión en enero. En el segundo caso, y si no se llega a un acuerdo para la extracción del país del material con potencial nuclear, se trataría de una acción terrestre para confiscar los contenedores.
No se sabe a qué se refiere exactamente Netanyahu cuando cita el “componente terrestre” en el intento de fulminar el régimen iraní, pero sí que desde el primer bombardeo que mató a Ali Jamenei el pasado 28 de febrero, su ejército ha llevado a cabo más de 8.500 ataques. Los de esta semana acabaron con el hombre fuerte, Ari Larijani, el comandante y el jefe de Inteligencia de las Basij, Gholamreza Soleimani y Esmail Ahmadi, respectivamente, el portavoz de la Guardia Revolucionaria, Alí Mohammad Naini, y un alto mando del Ministerio de Inteligencia iraní Mehdi Rastami Sh’mastan. Este último, muerto en una operación conjunta del ejército y el servicio secreto exterior (Mosad) e interno (Shabak), era según Israel, “una figura clave en la promoción de actividades terroristas contra civiles israelíes y judíos en todo el mundo”.
Precisamente la eliminación de dirigentes y altos mandos del régimen es uno de los grandes éxitos alegados por Israel y EE.UU. Otro es la destrucción de lanzaderas de misiles y del 85% de los componentes de la defensa aérea iraní según datos de Israel que cifra en varios miles los efectivos militares, de la Guardia Revolucionaria y las Basij, muertos en 21 días.
Irán, por su parte, celebra los daños sufridos en la refinería de petróleo Bazan en Haifa (norte israelí) tras el impacto de los restos de un misil de interceptación 24 horas después del ataque israelí contra el complejo gasístico South Pars en Irán. Israel denunció ataques iraníes contra objetivos energéticos en la región antes de la acción que puso en aprietos a Trump. Este negó el conocimiento previo del bombardeo aunque fuentes israelíes señalan en perfil bajo que fue informado de antemano.
Consciente de las críticas a Trump por los efectos del ataque contra la instalación energética iraní en concreto y el conflicto bélico en general en EEUU, Netanyahu se atribuyó la exclusividad del primero y afirmó en inglés que la guerra acabará “mucho más rápido de lo que la gente piensa”. En hebreo, sin embargo, su mensaje es que durará “lo que haga falta” para lograr los objetivos.
Bajo la creencia generalizada de que frenará la operación cuando lo diga Trump, Israel intenta aprovechar cada día para debilitar al máximo las capacidades iraníes. “Al inicio de la guerra, se definieron tres categorías de objetivos: los indispensables, los vitales y los importantes. Han sido ya destruidos el 85% de los objetivos indispensables mientras la Fuerza Aérea ha pasado al segundo tipo. La industria militar de Irán con todas sus facetas ha sido dañada al nivel de la fábrica que crea tornillos hasta centros de investigación en universidades”, explica el analista militar Alon Ben David.
Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2026/03/20/69bda09dfdddff7e768b45a3.html
