Se trata de Fairford, a 120 kilómetros al norte de Londres, y Diego García, en el archipiélago de Chagos, en el océano Índico

El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, ha autorizado a Estados Unidos a usar las bases de su país para lanzar ataques sobre Irán. Es el primer líder europeo que lo hace. Y su decisión es una formidable ayuda para las fuerzas estadounidenses porque podría abrir la puerta al uso de la Fuerza Aérea estadounidense de sus tres aviones más destructivos: los B-1, los B-2 y los B-52.

La clave está en dos bases: Fairford, a 120 kilómetros al norte de Londres, y Diego García, en el archipiélago de Chagos, en el océano Índico. Son dos de las cuatro únicas instalaciones militares que hay en todo el mundo adaptadas para ser usadas de manera continuada por el bombardero B-2. Las otras dos son Whiteman, en Misuri, que es donde están localizados, y Guam, en las islas Marianas, en el Pacífico.

La razón es que ese avión es increíblemente delicado. Los B-2 necesitan, por ejemplo, hangares especiales con una temperatura de entre 18 y 24 grados centígrados y una humedad de entre el 40% y el 50% para evitar que el recubrimiento que los hace invisibles al radar y los sistemas electrónicos que llevan no se deterioren.

Los B-2 pueden volar desde Whiteman hasta Irán, soltar sus bombas y volver, como hicieron el 22 de junio, cuando siete de ellos atacaron dos centros nucleares iraníes, y, de nuevo, en la noche del sábado al domingo, cuando cuatro bombardearon bases subterráneas de misiles. Pero ese es un viaje muy largo. La distancia en línea recta desde Whiteman a Teherán es de 10.500 kilómetros, lo que supone misiones de 21.000 kilómetros. Desde Diego García es exactamente la mitad: 5.250 kilómetros. Y desde Fairford, incluso menos: 4.425 kilómetros.

Eso permite que lo que los militares estadounidenses llaman el tempo de las misiones se acelere. Reduce el consumo de combustible, lo que facilita liberar aviones-cisterna, que así pueden abastecer a los cazabombarderos israelíes y estadounidenses, y también limita el desgaste de los bombarderos.

No es que los B-2 no puedan realizar misiones desde otras bases. Pero sí que no pueden llevar a cabo tantas como si estuvieran en una de esas cuatro instalaciones. Y esos bombarderos son los únicos capaces de lanzar las bombas de penetración MOP, diseñadas para atacar objetivos subterráneos blindados, como los que se supone que constituyen el programa nuclear iraní -del que EEUU e Israel no han dicho nada en esta guerra, pese a que dicen que es el principal motivo de esta- y el de misiles. Si la campaña dura, como Trump ha dicho, cuatro o cinco semanas, mantener el ritmo de los ataques es fundamental.

Tener los B-2 cerca del teatro de operaciones es para Estados Unidos clave, porque sólo tiene 19 unidades de esa aeronave. Es algo lógico porque, en dólares de hoy en día, cada uno de esos aviones vale, literalmente, su peso en oro, pese a la brutal apreciación de ese metal preciosos en el último año: 4.500 millones de dólares cada uno. De los 19, además, normalmente solo la mitad -o sea, 10- suelen estar en servicio. Lo que hace muy complicada la rotación de unidades.

La apertura de las bases británicas también permite a EEUU emplear más fácilmente sus otros dos bombarderos estratégicos: los B-1 y los B-52. Los primeros pueden desempeñar múltiples funciones: ser un almacén volante con 36 misiles de crucero indetectables al radar, realizar bombardeos de precisión y, también, llevar a cabo misiones antibuque, algo que especialmente importante dada la creciente importancia que el Estrecho de Ormuz está adquiriendo.

Los B-52 son camiones de misiles. Cada uno puede llevar hasta 20 misiles de crucero y permanecer en el aire durante horas, por ejemplo, cerca de Irán, lanzando sus proyectiles a medida que vayan surgiendo blancos. Eso puede facilitar la destrucción de las lanzaderas de misiles de la República Islámica. Paradójicamente, son unos aviones viejísimos. Las 76 unidades con que cuenta EEUU tienen entre 63 y 85 años. Sin embargo, estas aeronaves han demostrado una capacidad de adaptación y una solidez de diseño extraordinarias que las ha hecho siempre estar en la primera línea de la defensa de EEUU.

Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2026/03/03/69a5aeaae85eceb0578b457c.html

Por Editor